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WEEK OF PRAYER FOR CHRISTIAN UNITY 2021

PRAYER / WORSHIP:
Escritura Diaria y Guía de Oración
Semana de Oración por la Unidad Cristiana 2021

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2021 Week of Prayer for Christian Unity

Día 1, Dios te llama: “Ustedes no me eligieron... yo los elegí a ustedes” (Juan 15:16a)

Escritura
  • Génesis 12:1-4: Dios llama a Abraham
  • Juan 1:35-51: La llamada de los primeros discípulos
Meditación

El comienzo del recorrido es un encuentro entre un ser humano y Dios, entre el creado y el Creador, entre el tiempo y la eternidad.

Abraham escuchó la llamada: “Ve a la tierra que te mostraré”. Como Abraham, estamos llamados a dejar lo que es familiar e ir al lugar que Dios ha preparado en lo profundo de nuestros corazones. A lo largo del camino, nos convertimos cada vez más en las personas que Dios ha querido que seamos desde el principio. Y al seguir la llamada que se nos dirige, nos convertimos en una bendición para nuestros seres queridos, nuestros vecinos y el mundo.

El amor de Dios nos busca. Dios se hizo ser humano en Jesús, en quien encontramos la mirada de Dios. En nuestras vidas, y en el Evangelio según San Juan, la llamada de Dios se escucha de diferentes maneras. Tocados por su amor, nos ponemos en marcha. En este encuentro, caminamos por un camino de transformación, el brillante comienzo de una relación de amor que siempre comienza de nuevo.

Oración

Jesucristo, tú nos buscas, deseas ofrecernos tu amistad y llevarnos a una vida cada vez más completa. Concédenos la confianza de responder a tu llamada para que nos transformemos y seamos testigos de tu ternura por el mundo. Amén.

Día 2, Maduramos internamente: “Permanezcan en mí, y yo en ustedes” (Juan 15:4a)

Escritura
  • Efesios 3:14-21: Que Cristo habite en sus corazones.
  • Lucas 2:41-52: Su madre guardaba todo esto en su corazón.
Meditación

El encuentro con Jesús da lugar al deseo de estar con él y de permanecer en él: un tiempo en el que el fruto madura.

Siendo completamente humano, como nosotros, Jesús creció y maduró. Vivió una vida sencilla, enraizada en las prácticas de su fe judía. En su vida oculta en Nazaret, donde aparentemente no ocurrió nada extraordinario, se nutría de la presencia del Padre.

María contemplaba las acciones de Dios en su vida y en la de su hijo. Ella guardaba todo esto en su corazón. Así, poco a poco, abrazó el misterio de Jesús.

Nosotros también necesitamos un largo periodo de maduración, toda una vida, a fin de captar las profundidades del amor de Cristo, para dejar que permanezca en nosotros y nosotros en él. Sin que sepamos cómo, el espíritu logra que Cristo habite en nuestros corazones. Y es a través de la oración, de escuchar la palabra, com- partir con los demás, de la puesta en prác- tica de lo que hemos comprendido, que el ser interior se fortalece.

Oración

Espíritu Santo, que recibamos en nuestros corazones la presencia de Cristo y la apreciemos como un secreto de amor. Alimenta nuestra oración, ilumina nuestra lectura de la Escritura, actúa a través de nosotros, para que los frutos de tus dones puedan crecer pacientemente en nosotros. Amén.

Día 3, Formamos un solo cuerpo: “Que se amen unos a otros, como yo los he amado” (Juan 15:12b)

Escritura
  • Colosenses 3:12-17: Revístanse de en- trañable misericordia.
  • Juan 13:1-15; 34-35: Que se amen unos a otros.
Meditación

En la víspera de su muerte, Jesús se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos. Conocía la dificultad de la convivencia y la importancia del perdón y el servicio mutuo. “Si no te los lavo”, le dijo a Pedro, “no tendrás parte conmigo”.

Pedro recibió a Jesús a sus pies; se dejó lavar los pies y se conmovió por la humildad y la dulzura de Cristo. Más tar- de seguiría el ejemplo de Jesús y serviría a la comunidad de los fieles en la Iglesia primitiva.

Jesús desea que la vida y el amor circulen a través de nosotros como la savia a través de la vid, para que las comunidades cristianas sean un solo cuerpo. Pero tanto hoy como en el pasado, no es fácil vivir juntos. A menudo nos enfrentamos con nuestras propias limitaciones. A veces no amamos a los que están cerca de nosotros en una comunidad, parroquia o familia. Hay veces en que nuestras relaciones se rompen completamente.

En Cristo estamos invitados a revestirnos de compasión, a través de innumerables nuevos comienzos. El reconocimiento de que somos amados por Dios nos mueve a aceptarnos con nuestras fortalezas y debilidades. Es entonces cuando Cristo está entre nosotros.

Oración

Dios, nuestro padre, nos revelas tu amor a través de Cristo y de nuestros her- manos y hermanas. Abre nuestros cora- zones para que podamos acogernos con nuestras diferencias y vivir en el perdón. Concédenos vivir unidos en un cuerpo, para que el don que es cada persona salga a la luz. Que todos nosotros juntos seamos un reflejo de Cristo vivo.

Día 4, Oremos juntos: “Ya no los llamaré siervos... yo los he llamado amigos” (Juan 15:15)

Escritura
  • Romanos 8:26-27: El Espíritu nos ayu- da en nuestra debilidad
  • Lucas 11:1-4: Señor, enséñanos a orar
Meditación

Dios tiene sed de tener una relación con nosotros. Dios nos busca del mismo modo que buscó a Adán, llamándolo en el jardín: “¿Dónde andas?” (Génesis 3:9)

En Cristo, Dios vino a conocernos. Jesús vivió en la oración, íntimamente uni- do a su Padre, mientras creaba amistades con sus discípulos y todos los que conocía. Les presentó lo que era más preciado para él: la relación de amor con su Padre, que es nuestro Padre. Jesús y sus discípulos canta- ban salmos juntos, enraizados en la riqueza de su tradición judía. En otros momentos, Jesús se retiraba para orar solo.

La oración puede ser en soledad o compartida con los demás. Puede expresar maravilla, queja, intercesión, acción de gracias o simplemente silencio. A veces el deseo de orar está presente, pero uno tiene la sensación de no poder hacerlo. Volverse a Jesús y decirle “enséñame” puede allanar el camino. Nuestro propio deseo es ya una oración.

Reunirnos en un grupo nos presta apoyo. La comunión se crea a través de los himnos, las palabras y el silencio. Si oramos con cristianos de otras tradiciones, podemos sorprendernos de sentirnos unidos por un vínculo de amistad que proviene de Uno que está más allá de toda división. Las formas pueden variar, pero es el mismo Espíritu el que nos une.

Oración

Nuestro Señor Jesucristo, tu vida en- tera fue una oración, una perfecta armonía con el Padre. A través de tu Espíritu, enséñanos a orar según tu voluntad de amor. Que los fieles de todo el mundo se unan en la intercesión y la alabanza, y que venga tu reino de amor. Amén.

Día 5, Dejarnos transformar por la Palabra: “Ustedes ya están limpios, por la palabra que les he hablado” (Juan 15:3)

Escritura
  • Deuteronomio 30:11-20: La palabra de Dios está muy cerca de ti
  • Mateo 5:1-12: Bienaventurados sean
Meditación

La Palabra de Dios está muy cerca de nosotros. Es una bendición y una promesa de felicidad. Si abrimos nuestros corazones, Dios nos habla y pacientemente transforma lo que está muriendo en nosotros. Dios elimina lo que impide el crecimiento de la vida real, así como el viticultor poda la vid.

Meditar regularmente sobre un texto bíblico, solo o en grupo, cambia nuestra perspectiva. Muchos cristianos rezan las Bienaventuranzas todos los días. Las Bienaventuranzas nos revelan una felicidad que se esconde en lo insatisfecho, una felicidad que está más allá del sufrimiento: bienaventurados aquellos que, tocados por el Espíritu, ya no retienen sus lágrimas sino que las dejan fluir y así reciben consuelo. A medida que descubren el manantial escondido en su paisaje interior, crece en ellos el hambre de justicia y la sed de comprometerse con otros por un mundo de paz.

Estamos constantemente llamados a renovar nuestro compromiso con la vida, a través de nuestros pensamientos y acciones. Hay momentos en los que ya saboreamos, aquí y ahora, la bendición que se cumplirá al final de los tiempos.

Oración

Bendito seas, Dios Padre, por el don de tu palabra en la Sagrada Escritura. Bendito seas por tu poder transformativo. Ayúdanos a elegir la vida y guíanos con tu Espíritu, para que podamos experimentar la felicidad que tanto deseas compartir con nosotros. Amén.

Día 6, Dar la bienvenida a los demás: “Vayan y lleven fruto, y su fruto permanecerá” (Juan 15:16b)

Escritura
  • Génesis 18:1-5: Abraham alberga a los ángeles en el Roble de Mamre
  • Marcos 6:30-44: La compasión de Jesús por las multitudes
Meditación

Cuando nos dejamos transformar por Cristo, su amor en nosotros crece y da fruto. Acoger al otro es una forma concreta de compartir el amor que hay dentro de nosotros.

A lo largo de su vida, Jesús acogió a aquellos que conoció. Los escuchaba y se dejaba tocar por ellos sin temer su sufrimiento.

En el relato evangélico de la multiplicación de los panes, Jesús se conmueve con compasión al ver la multitud hambrienta. Sabe que toda la persona humana debe alimentarse, y que sólo él puede satisfacer verdaderamente el hambre de pan y la sed de vida. Pero no quiere hacerlo sin sus discípulos, sin ese pequeño detalle que le pueden dar: cinco panes y dos peces.

Incluso hoy nos atrae para que seamos sus compañeros de trabajo en su cuidado incondicional. A veces algo tan pequeño como una mirada amable, un oído abierto o nuestra presencia es suficiente para hacer que una persona se sienta bienvenida. Cuando ofrecemos nuestras pobres habilidades a Jesús, él las usa de una manera sorprendente.

Entonces experimentamos lo que hizo Abraham, ya que dando recibimos, y cuan- do damos la bienvenida a los demás, somos bendecidos en abundancia.

Oración

Cristo, deseamos acoger plenamente a los hermanos y las hermanas que están con nosotros. Sabes que a menudo nos sen- timos impotentes ante su sufrimiento, pero siempre estás ahí delante de nosotros y y ya los has recibido en tu compasión. Háblales con nuestras palabras, apóyalos con nuestras acciones y deja que tu ben- dición descanse en todos nosotros. Amén.

Día 7, Crecemos en la Unidad: “Yo soy la vid y ustedes los pámpanos” (Juan 15:5a)

Escritura
  • 2 Corintios 1:10-13; 3:21-23: ¿Cristo dividido?
  • Juan 17:20-23: Para que todos sean uno
Meditación

En la víspera de su muerte, Jesús oró por la unidad de aquellos que el Padre le dio: “para que todos sean uno...para que el mundo crea”. Unidos a él, como una rama a la vid, compartimos la misma savia que circula entre nosotros y nos vitaliza.

Cada tradición busca llevarnos al corazón de nuestra fe: la comunión con Dios, a través de Cristo, en el Espíritu. Cuanto más vivimos esta comunión, más conectados estamos con otros cristianos y con toda la humanidad. Pablo nos advierte contra una actitud que ya había amenazado la unidad de los primeros cristianos: absolutizar la propia tradición en detrimento de la unidad del cuerpo de Cristo. De este modo, las diferencias resultan divisivas en lugar de enriquecernos mutuamente. Pablo tenía una visión muy amplia: “Todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios”. (1 Corintios 3:22-23)

La voluntad de Cristo nos compro- mete a un camino de unidad y reconciliación. También nos compromete a unir nuestra oración a la suya: “para que todos sean uno...para que el mundo crea”. (Juan 17:21)

Oración

Espíritu Santo, fuego vivificador y aliento suave, ven y permanece en nosotros. Renueva en nosotros la pasión por la unidad para que vivamos conscientes del vínculo que nos une en ti. Que todos los que se han revestido de Cristo en su bautismo se unan y den testimonio juntos de la esperanza que los sostiene. Amén.

Día 8, Reconciliación con toda la creación: "Para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo” (Juan 15:11)

Escritura
  • Colosenses 1:15-20: En él todas las cosas se mantienen en orden
  • Marcos 4:30-32: Tan pequeña como un grano de mostaza
Meditación

El himno a Cristo en la epístola a los Colosenses nos invita a cantar la alabanza de la salvación de Dios, que abarca todo el universo. A través de Cristo crucificado y resucitado, se ha abierto un camino de reconciliación; también la creación está destinada a un futuro de vida y de paz.

Con los ojos de la fe, vemos que el reino de Dios es una realidad muy cercana pero aún así muy pequeña, apenas visible: como un grano de mostaza. Sin embargo, está creciendo. Incluso en la angustia de nuestro mundo el Espíritu del Resucitado está trabajando. Nos anima a involucrarnos -con todas las personas de buena voluntad- en la búsqueda incansable de la justicia y la paz, y a asegurar que la tierra sea una vez más el hogar de todas las criaturas.

Participamos en el trabajo del Espíritu para que la creación en toda su plenitud pueda continuar alabando a Dios. Cuando la naturaleza sufre, cuando los seres humanos son aplastados, el Espíritu de Cristo resucitado -lejos de permitirnos desanimarnos- nos invita a ser parte de su trabajo de sanación.

La novedad de la vida que Cristo trae, aunque esté escondida, es una luz de esperanza para muchos. Es un manantial de reconciliación para toda la creación y contiene una alegría que viene de más allá de nosotros mismos: “para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo”. (Juan 15:11)

Oración

Dios tres veces santo, te damos las gracias por habernos creado y amado. Te agradecemos tu presencia en nosotros y en la creación. Que aprendamos a mirar el mundo como tú lo miras, con amor. Con la esperanza de esta visión, que podamos trabajar por un mundo donde la justicia y la paz florezcan, para la gloria de tu nombre. Amén.