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WEEK OF PRAYER FOR CHRISTIAN UNITY
JANUARY 18–25, 2021

BACKGROUND: Breve Historia de la Semana de Oración por la Unidad Cristiana 2021

2021 Week of Prayer for Christian Unity

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Por: Rev. Timothy MacDonald, SA
Rev. James Loughran, SA
Director
Instituto Ecuménico e Interreligioso de Graymoor

La Octava de la Unidad de la Iglesia se observó por primera vez en enero de 1908. Esta innovación sobre la práctica de la oración, celebrada en la capilla de un pequeño Convento Franciscano de Reconciliación de la Iglesia Episcopal Protestante, en una remota colina a cincuenta millas de la Ciudad de Nueva York, captó la imaginación de otros más allá de los frailes y las hermanas franciscanas de la Reconciliación, y llegó a convertirse en un enérgico movimiento que floreció gradualmente hasta transformarse en una observancia mundial que involucra a muchas naciones y millones de personas.

Para apreciar plenamente esta corriente que había sido impulsada por algunos y que había convergido con otros en el desarrollo histórico de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, señalaremos algunos aspectos de los primeros pasos del movimiento. Dos episcopales estadounidenses, el padre Paul James Wattson y la hermana Lurana White, cofundadores de los Frailes Franciscanos y las Hermanas de la Reconciliación, se comprometieron plenamente a lograr la unión de la Iglesia Anglicana con la Iglesia Católica Romana. Con esta convicción, iniciaron un movimiento de práctica de la oración que rezaba explícitamente por el regreso de los cristianos no católicos a la Santa Sede. De más está decir que tal observancia atraería a pocos de nuestros hermanos y hermanas separados, con la excepción de un pequeño número de anglo-católicos y católicos romanos. Esta idea de un período de oración por la unidad de los cristianos se originó en una conversación del Padre Wattson con un clérigo inglés, el Reverendo Spencer Jones. En 1907, Jones sugirió que se reservara un día para la oración por la unidad de los cristianos. El Padre Paul Wattson estuvo de acuerdo con el concepto pero propuso la idea de una Octava de Oración entre la Festividad de la Cátedra de San Pedro el 18 de enero y la Fiesta de la Conversión de San Pablo el 25 de enero.

Cuando el Padre Pablo y Sor Lurana se convirtieron en católicos romanos, el Papa Pío X dio su bendición a la Octava de la Unidad de la Iglesia, y, en 1916, el Papa Benedicto XV extendió su observancia a la iglesia universal. Este reconocimiento de la autoridad papal impulsó a la Octava en toda la Iglesia Católica Romana. Hasta su muerte en 1940, el padre Wattson promovió la Octava de la Unidad de la Iglesia, más tarde conocida como la Octava de la Cátedra de la Unidad para enfatizar su enfoque petrino, a través de su revista, The Lamp.

¿Cuáles fueron algunos de los antecedentes históricos importantes de esta Octava de Oración? Ciertamente en el siglo XIX, el deseo de los cristianos de orar juntos era parte del espíritu de la época entre quienes estaban alarmados por las divisiones que debilitaban el poder del testimonio cristiano. En 1846, por ejemplo, se estableció en Londres la Alianza Evangélica, que había desarrollado conexiones internacionales e intereclesiásticas. Ruth Rouse señaló que era “la única organización definitivamente ecuménica... que surgió del Despertar Evangélico en el siglo XIX” (Historia del Movimiento Ecuménico: 1517-1948). El concepto de unidad propugnado en su constitución era la unión entre individuos cristianos de diferentes iglesias para la renovación en el Espíritu; no se ocupaban de la cuestión de la reunión de las iglesias. La Alianza reservó una semana a partir del primer domingo del año, para que los miembros de diferentes iglesias se unieran para orar por la renovación en el Espíritu.

La Asociación para la Promoción de la Unidad Cristiana se fundó en 1857 con la participación de anglicanos, católicos romanos y ortodoxos. Su propósito era “que gracias a la oración unida se pueda restaurar la unidad visible de la Cristiandad”. Desafortunadamente, Roma retiró su apoyo a la Asociación. El problema, por supuesto, no era el acto de la oración en sí mismo, sino las preguntas que surgieron sobre la naturaleza de la iglesia y la naturaleza de la unidad que se buscaba a través de la oración. Esta dificultad no comenzaría a resolverse sino hasta mediados del siglo XX aproximadamente.

Cabe mencionar que los Papas habían instado a los católicos romanos a rezar por la unidad de los cristianos, pero desde la postura particular de reincorporarse a la Iglesia Católica Romana. En 1894, León XIII animó a los católicos a rezar el rosario en apoyo a la intención de la unidad de los cristianos. Asimismo, en 1897, decretó en Provida matris que los días entre la Ascensión y Pentecostés debían ser dedicados a la oración para la reconciliación con nuestros hermanos separados. En su encíclica Divinum illud, León XIII trató de establecer esta práctica de la oración como una característica permanente de la Iglesia Católica Romana.

Las Conferencias de Lambeth durante este período también promovieron la Oración por la Unidad Cristiana. Rouse señala que durante la segunda conferencia de 1878 se puso en evidencia la preocupación de los anglicanos por la reunión. En esa conferencia, los obispos hablaron de su deseo de que la conferencia apoyara la observancia de una temporada de oración por la unidad cristiana.

En 1913, la Comisión de Fe y Orden de la Iglesia Protestante Episcopal publicó un folleto que fomentaba la oración por la unidad en Pentecostés, y en 1915, publicó un Manual de Oración por la Unidad. La Conferencia preparatoria de Fe y Constitución celebrada en Ginebra en 1920 pidió una semana especial de oración por la unidad de los cristianos que terminó con el Pentecostés. Fe y Constitución continuó emitiendo “Sugerencias para una Octava de Oración por la Unidad Cristiana” hasta 1941 cuando cambió las fechas de la semana a la de la Octava de enero. De esta manera, los cristianos que por razones de conciencia no podían unirse a otros en los servicios de oración, podían compartir la oración de la unidad al mismo tiempo. Aunque todos estos esfuerzos no lograron una amplia observancia entre las iglesias, allanaron el camino para la Semana de Oración por la Unidad Cristiana que llegó a observarse ampliamente en toda la Cristiandad.

En 1935, el abate Paul Couturier, un sacerdote de la Arquidiócesis de Lyon, buscó una solución al problema de los católicos no romanos que no podían observar la Octava de Oración por la Unidad Cristiana. Encontró la solución en el Misal Romano, como lo había hecho la Asociación para la Promoción de la Unidad Cristiana setenta y ocho años antes en Inglaterra. Couturier promovió la oración por la Unidad Cristiana sobre la base inclusiva de que “nuestro Señor concedería a su Iglesia en la tierra la paz y la unidad que estaban en su mente y propósito, cuando, en la víspera de su Pasión, oró para que todos fueran uno”. Esta oración unirá a los cristianos en la oración por esa unidad perfecta que Dios quiere y por los medios que él quiere. Al igual que el Padre Paul Wattson, el abate Couturier exhibía una poderosa pasión por la unidad y envió anualmente “llamadas a la oración” hasta su muerte en 1953.

En 1993, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana publicó el Directorio para la Aplicación de Principios y Normas de Ecumenismo, y alentó explícitamente la participación en la Semana de Oración por la Unidad Cristiana. Así es que hoy la Semana de Oración por la Unidad Cristiana pertenece a todos los cristianos que están sinceramente interesados en el cumplimiento de la oración de Cristo “que todos sean uno”. Cuando habla de la oración en común en su Manual de Ecumenismo Espiritual, el Cardenal Walter Kasper menciona específicamente que “la celebración de la Semana anual de Oración por la Unidad Cristiana en todo el mundo es una iniciativa de singular importancia que debe ser fomentada y ampliada”. Esta iniciativa está patrocinada por la Comisión de Fe y Orden del Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo Pontificio para la Unidad Cristiana. Los materiales para 2021, junto con el tema de la Escritura, “Permanece en mi amor... darás mucho fruto” (Juan 15:1-17), fueron preparados por la Comunidad Monástica de Grandchamp, en Suiza, y editados y aprobados por el comité conjunto de la Semana de Oración del Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana. El tema expresa la vocación de practicar la oración de la Comunidad de Grandchamp, la reconciliación y la unidad en la iglesia y la familia humana. A nivel nacional, los materiales para la celebración de la Semana de Oración son los publicados por el Instituto Ecuménico e Interreligioso de Graymoor.