Guía Diaria de Escitura Oración — Semana de Oración por la Unidad Cristiana 2008

Guía Diario de Escritura y Oración

 
 
 
 
 
 

Día 1, Orad siempre (1 Tesalonicenses 5:17).

Escritura
Isaías 55:6-9, Buscad al Señor mientras se le encuentra.
Salmo 34, Llamé al Señor y él me respondió.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Orad sin cesar.
Lucas 18:1-8, Orar constantemente y sin desfallecer.

Meditación
Pablo ha escrito: “Estad siempre alegres. No ceséis de orar. Manteneos en constante acción de gracias, porque esto es lo que Dios quiere de vosotros como cristianos.” Su carta va dirigida a una comunidad de fieles ansiosos ante la muerte. Pablo los reconforta diciendo que los muertos resucitarán con los vivos y los invita Aa orar sin cesar.” Las lecturas de hoy ofrecen algunos elementos como respuesta a esta cuestión.

En pleno exilio, cuando todo parece inútil y sin esperanza, el profeta Isaías proclama: “Buscad al Señor mientras se le encuentra, invocadlo mientras está cerca.” Incluso en el exilio, el Señor está cerca de su pueblo y le exhorta a dirigirse a él en la oración. En el centro del salmo 34 encontramos esta convicción profética que el Señor responderá a la llamada de los que lo invocan, y alaba la llamada a la oración continua.

En el Evangelio de Lucas, Jesús dice la parábola de la viuda que pide justicia a un juez que no tiene temor de Dios ni respeto a los hombres. Este relato es una manera de recordar la necesidad de orar constantemente, “orar siempre y sin desfallecer,” y la certeza que la oración sera concedida: “¿Y Dios no haría justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?”

Como cristianos en búsqueda de la unidad, meditamos sobre estas lecturas para encontrar “la voluntad de Dios” respecto a nosotros “en Cristo Jesús.” La llamada de orar sin cesar se convierte en parte integral de su intercesión eterna ante el Padre: “Que todos sean uno... para que el mundo crea...” La unidad que buscamos es la unidad “tal como Cristo la quiere” y la celebración de la “octava” de oración por la unidad de los cristianos es el reflejo del concepto bíblico de plenitud, es decir, la esperanza que un día habrá respuesta a nuestra oración.

La unidad es un don que Dios hace a la iglesia. Es también la vocación de los cristianos destinados a vivir de este don. La oración por la unidad es la fuente de donde brota cualquier esfuerzo humano dedicado a manifestar la unidad plena y visible. Numerosos son los frutos producidos por más de un siglo de celebrar la octava de oración por la unidad. Con todo, numerosas también son las barreras que dividen aún a los cristianos y a sus iglesias. Con el fin de no desalentarnos, debemos ser constantes en la oración y buscar al Señor y su voluntad en todo lo que emprendemos y en todo lo que somos.

Oración

Señor de la unidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te pedimos sin cesar para que todos seamos uno como tú eres uno. Padre, oye nuestra llamada cuando te buscamos. Cristo, condúcenos a la unidad que deseas para nosotros. Espíritu Santo, procura que no nos desalentemos nunca. Amén.


Día 2, Orad siempre, no tengáis confianza más que en Dios (1 Tesalonicenses 5:18).

Escritura
1 Reyes 18:20-40, El Señor es Dios.
Salmo 23, El Señor es mi pastor.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Manteneos en constante acción de gracias.
Juan 11:17-44, Padre, te doy gracias porque tú me has escuchado.

Meditación
La oración se fundamenta en la confianza de que Dios es poderoso y fiel. Solo él abarca todo, presente y futuro. La historia de Elías en 1 Reyes muestra de manera impresionante la unicidad de Dios. Elías amonesta a los apostatas que veneran a Baal que no responde a sus oraciones. Sin embargo cuando Elías ora al Dios de Israel, la respuesta es inmediata y milagrosa. El pueblo toma conciencia y de nuevo vuelve su corazón hacia Dios.

El Salmo 23 es una profunda confesión de confianza. Describe a una persona convencida de que Dios guía sus pasos y que lo tiene cerca de sí mismo en los momentos difíciles de la vida, cuando está presa de la desolación y de la opresión.

Probablemente nos encontramos en circunstancias difíciles, a veces incluso de gran agitación. Probablemente atravesamos por momentos de desesperación y desaliento. A veces, nos parece que Dios se oculta. Pero no está ausente. Manifestará su poder para liberarnos en medio de nuestras luchas existenciales. Esta es la razón por la que le damos gracias en toda circunstancia.

La resurrección de Lázaro es uno de los episodios más espectaculares narrados en el Evangelio de Juan. Revela el poder de Cristo capaz de romper los vínculos de la muerte y anticipa la nueva creación. Jesús ora en voz alta en medio del pueblo y da gracias a su Padre por los potentes milagros que realizará. La obra salvadora de Dios se realiza a través de Cristo para que todos crean en él.

El peregrinaje ecuménico nos ayuda a tomar mejor conciencia de las acciones maravillosas de Dios. Comunidades cristianas separadas unas de las otras se encuentran. Descubren su unidad en Cristo y comprenden que todas son parte de una sola y misma iglesia, y tienen necesidad unos de los otros.

Probablemente hay sombras que vienen a ocultar la perspectiva de la unidad poniendola en peligro por algunas frustraciones y tensiones y que nos hace reflexionar si nosotros, los cristianos, estamos realmente llamados a la unidad. Nuestra oración incesante nos sostiene cuando nos volvemos hacia Dios y tenemos confianza en él. No dudamos que realiza su obra en nosotros y nos conducirá hacia la luz de su victoria. Siempre nuestra reconciliación y nuestra unidad son el principio de su reino.

Oración

Dios de toda la creación, escucha a tus niños en su oración. Ayúdanos a conservar nuestra fe y nuestra confianza en ti. Enséñanos a darte gracias en toda circunstancia, a tener confianza en tu misericordia. Danos la verdad y la sabiduría, para que tu iglesia nazca a la nueva vida en la comunión. Tú solo eres nuestra esperanza. Amén.


Día 3, Orad sin cesar por la conversión de los corazones (1 Tesalonicenses 5:14).

Esritura
Jonás 3:1-10, La conversión de Nínive.
Salmo 51:8-15, Crea en mí un corazón puro.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Animad a los tímidos.
Marcos 11:15-17, Una casa de oración.

Meditación
En el origen y en el corazón del ecumenismo, se encuentra una llamada urgente al arrepentimiento y a la conversión. Es necesario saber como desafiarnos mutuamente en nuestras comunidades cristianas, como Pablo nos invita en la primera carta a los Tesalonicenses. Si uno u otro siembra división, que se corrija; si algunos tienen miedo a lo que implica una reconciliación complicada, que se animen.

Si las divisiones entre cristianos permanecen, es también por falta de voluntad de comprometerse con determinación en el diálogo ecuménico e incluso simplemente en la oración por la unidad.

La Biblia nos informa de cómo Dios envió a Jonás para interpelar a Nínive y cómo toda la ciudad se arrepintió. Las comunidades cristianas deben ponerse a la escucha de la Palabra de Dios y arrepentirse. Durante el último siglo, no han faltado profetas de la unidad para recordarles a los cristianos la infidelidad de su desunión y la urgencia de la reconciliación.

A imagen de la intervención vigorosa de Jesús en el templo, la llamada a la reconciliación de los cristianos puede seriamente trastornar nuestras certezas. Necesitamos purificarnos también. Debemos saber purificar nuestro corazón de todo lo que le impide ser una auténtica casa de oración, preocupada por la unidad de todas las naciones.

Oración
Señor, tú quieres la verdad en el fondo de nuestro ser; en el secreto de nuestro corazón; tú nos enseñas la sabiduría. Haz que nos animemos mutuamente en los caminos de la unidad. Muéstranos las conversiones necesarias para la reconciliación. Da a cada uno un corazón renovado, un corazón verdaderamente ecuménico; así te lo pedimos. Amén.


Día 4, Orad sin cesar por la justicia (1 Tesalonicenses 5:15).

Escritura
Exodo 3:1-12, El Señor oye el grito de los hijos de Israel.
Salmo 146, El Señor … hace justicia a los oprimidos.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Mirad que nadie devuelva mal por mal.
Marcos 5:38-42, No hagáis frente al que os hace mal.

Meditación
Como pueblo de Dios, somos llamados a orar juntos por la justicia. Dios oye el grito de los oprimidos, de los necesitados, del huérfano y de la viuda. Dios es un Dios de justicia y responde a nuestras oraciones a través de su Hijo, Jesucristo, que nos pidió que trabajemos juntos en  unidad y  paz, y no con  violencia. Es también lo que nos recuerda Pablo cuando destaca: “Mirad que nadie devuelva mal por mal; al contrario, buscad siempre haceros el bien los unos a los otros y a todos.”

Los cristianos rezan sin cesar por la justicia, para que toda vida humana sea tratada con dignidad y reciba lo que le corresponde. En los Estados Unidos, la injusticia de la esclavitud sólo finalizó con una guerra civil sangrienta, a la cual sucedió un siglo de racismo mantenido por el Estado. Desgraciadamente el racismo y otras formas de sectarismo como la xenofobia aún no han desaparecido de la sociedad norteamericana.

Sobre todo gracias a los esfuerzos de las iglesias, en particular de las iglesias afroamericanas y de sus socios ecuménicos, y muy especialmente gracias a la resistencia no violenta del Reverendo Martín Luther King, Jr., los derechos cívicos de todos se inscribieron en la legislación americana. Estaba profundamente convencido que solamente el amor cristiano puede superar el odio y permitir la transformación de la sociedad; los cristianos siguen hoy alimentándose con esta certeza que los lleva a trabajar juntos en favor de la justicia. Cada año, cae exactamente antes o durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos.

Jesús nos recuerda que la justicia divina se revela en su voluntad personal de renunciar incluso a su seguridad, su potencia y su prestigio, y también a su vida con el fin de aportar al mundo la justicia y la reconciliación gracias a los cuales todos los seres humanos se considerarán iguales en valor y en dignidad. Sólo cuando oímos y respondemos a los gritos de los oprimidos, podemos progresar juntos en el camino de la unidad. Eso vale también para el movimiento ecuménico que nos puede exigir “dar pasos suplementarios” en nuestra voluntad de escuchar al otro, de renunciar a ser vengativos y de actuar en la caridad.

Oración
Señor Dios, tú has creado la humanidad, hombre y mujer, a tu imagen. Concédenos orar sin cesar, con una sola alma y un único corazón, para que todos los que tienen hambre en el mundo queden satisfechos, que los oprimidos se liberen, que todo ser humano sea tratado con dignidad; haz de nosotros tus instrumentos para que este deseo se convierta en realidad. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Día 5, Orad sin cesar con un corazón paciente (1 Tesalonicenses 5:14).

Escritura
Exodo 17:1-4, ¿Por qué?
Salmo 1, Dar fruto a su tiempo.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Tened paciencia con todos.
Lucas 18:9-14, Una oración humilde.

Meditación
No podemos estar satisfechos con la división de los cristianos y por consecuencia estamos impacientes a que venga el día de nuestra reconciliación. Por ello, también debemos ser conscientes de que el ecumenismo no es sostenido al mismo ritmo por todas partes. Algunos avanzan a grandes pasos, otros son más prudentes. Como Pablo predica, debemos seguir siendo pacientes con todos.

Como el fariseo en su oración, podemos fácilmente presentarnos ante Dios con la arrogancia de los que hacen todo muy bien: “yo no soy como el resto de los hombres.” Si a veces se intentan denunciar las lentitudes o las imprudencias de los miembros de nuestra iglesia, o las de nuestros interlocutores ecuménicos, la invitación a la paciencia resuena como una advertencia importante.

En ocasiones, incluso, nos mostramos impacientes para con Dios. Como el pueblo en el desierto, a veces gritamos hacia Dios: ¿Por qué toda esta marcha dolorosa, si todo se debe acabar ahora? Tengamos confianza: Dios responde a nuestras oraciones, a su manera, a su debido tiempo. Él sabrá suscitar nuevas iniciativas para la reconciliación de los cristianos, aquellas que en nuestro tiempo se necesitan.

Oración
Señor, haz de nosotros tus discípulos, que escuchemos tu Palabra día y noche. En nuestro camino hacia la unidad, danos saber esperar los frutos a su tiempo. Cuando los prejuicios y la desconfianza triunfan, concédenos la paciencia humilde necesaria para la reconciliación. Así te lo pedimos. Amén


Día 6, Orad siempre para obtener la gracia de colaborar con Dios (1 Tesalonicenses 5:16).

Escritura
2 Samuel 7:18-29, La oración de alabanza y de alegría de David.
Salmo 86, Señor, escucha.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Estad siempre alegres.
Lucas 10:1-24, El envío de los setenta y dos discípulos.

Meditación
En la oración modelamos nuestra voluntad según Dios. Tenemos necesidad que el Espíritu Santo cambie el corazón de los creyentes y nos dé la gracia de colaborar con Dios y participar en su misión y proyecto de unidad. Mientras pedimos sin cesar por eso, somos conscientes de que son necesarios más obreros para la cosecha. Con motivo de numerosos encuentros ecuménicos, se destacó la necesidad de promover la participación de los jóvenes para que el movimiento ecuménico pueda prosperar hoy y en las generaciones futuras. Es necesario que aún más obreros conozcan la alegría de la oración para contribuir a la obra de Dios.

Las lecturas del sexto día nos ayudan a comprender mejor lo que significa trabajar en el servicio del Evangelio. David, sorprendido de ser elegido por el Señor para participar en la edificación de un espléndido templo, afirma: ¿“De verdad Dios podrá vivir sobre la tierra?” y concluye: “Quieres ahora bendecir la casa de tu criado, para que permanezca siempre en tu presencia.”

El salmista ruega: “Señor, enséñame tu camino, para que te sea fiel, guía mi corazón para que tema tu nombre. Señor Dios mío, te daré gracias de todo corazón, daré gloria a tu nombre por siempre.”

En el envío de los setenta y dos discípulos, Jesús confirma que gracias a ellos y a todos los que creerán en él a través de su palabra, su paz y la buena noticia que declarará que “el Reino de Dios ha llegado hasta nosotros” serán anunciadas al mundo. Cuando sus discípulos vuelven contentos de nuevo, aunque también traen la experiencia del rechazo, Jesús se alegra de sus éxitos al someter los demonios: es necesario seguir extendiendo la noticia, sin detenerse.

Dios quiere que su pueblo sea uno. Como los cristianos de Tesalónica, se nos exhorta a ser “siempre alegres” y a orar “sin cesar,” manteniendo la esperanza de que, si nos comprometemos plenamente a colaborar con Dios, se realizará por fin la unidad según su voluntad.

Oración
Señor Dios, en la perfecta unidad de tu ser, guarda en nuestros corazones el ardiente deseo y la esperanza de la unidad para que nunca dejemos de trabajar al servicio de tu Evangelio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Día 7, Orad porque tenemos necesidad...que sostengáis a los débiles (1 Tesalonicenses 5:14).

Escritura
1 Samuel 1:9-20, Ana reza al Señor para que le conceda un niño.
Salmo 86, Atiende a mi súplica.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Os pedimos...
Lucas 11:5-13, Quien pide recibe.

Meditación
Profundamente afligida por su esterilidad, Ana imploró a Dios que le conceda un niño y, pasados unos días, nació Samuel (que significa “al Señor se lo pedí”). En el Evangelio de Lucas, Jesús mismo nos dice que Aquien pide recibe.”Así en la oración, nos dirigimos a Dios para que responda a nuestras necesidades. La respuesta puede no corresponder a lo que esperamos, pero Dios nos responde siempre.

El poder de la oración es inmenso, sobre todo cuando está vinculado al servicio. En la carta de Pablo a los Tesalonicenses, el tema del servicio se reanuda con el imperativo: ASostened a los débiles.” Sabemos que es posible responder de manera ecuménica, de una manera concreta, a la miseria y al desamparo. Las iglesias de tradiciones diferentes trabajan a menudo mano a mano, pero en algunas circunstancias su testimonio es seriamente debilitado por su falta de unidad. Cuando queremos orar juntos, a veces somos profundamente desconfiados respecto de las distintas formas de oración que encontramos en otras tradiciones cristianas.

Se observa que la diversidad de las formas de oración es mejor apreciada. En las iglesias americanas, la experiencia de renovación pentecostal ha conducido también a un mejor reconocimiento del poder de la oración, lo que, poco a poco, ayudó a los pentecostales a sentirse más cómodos en el movimiento ecuménico. Diálogo con las iglesias Ortodoxas en el seno del Consejo Ecuménico de las Iglesias ha permitido comprender mejor las formas de las oraciones propias de cada uno.

Es indudable que la fe en el poder de la oración es común al conjunto de nuestras tradiciones y puede contribuir mucho a la causa de la unidad cristiana, una vez que hayamos comprendido y superado nuestras diferencias. Debemos apoyar con nuestras oraciones todos los diálogos que mantienen nuestras iglesias sobre las divergencias que impiden aún reunirnos en torno a la mesa del Señor. Celebrar juntos el memorial de Cristo y elevar hacia él nuestra común acción de gracias nos permitirá dar un gran paso adelante en el camino de la unidad.

Oración
Señor, ayúdanos a ser de verdad uno cuando rogamos por la curación de nuestro mundo, de las divisiones entre nuestras iglesias y por nuestra propia curación. Haz que no dudemos de que tú nos escuchas y que tú nos responderás. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo. Amén.


Día 8, Orad siempre para que sean uno (1 Tesalonicenses 5:13b).

Escritura
Isaías 11:6-13, El lobo habitará con el cordero.
Salmo 122, Haya paz dentro de tus muros.
1 Tesalonicenses 5:12a, 13b-18, Que la paz reine entre vosotros.
Juan 17:6-24, Que sean uno.

Meditación
Dios desea que los seres humanos vivan entre ellos en paz. Esta paz no es simplemente una ausencia de guerra o de conflictos; el shalom querido por Dios nace de una humanidad reconciliada, de una familia humana que comparte y refleja en sí misma la paz que solo Dios puede dar. La imagen del lobo viviendo con el cordero, del león dormido cerca del cabrito, intenta ofrecernos una visión simbólica del futuro que Dios desea para nosotros. Puesto que no podemos establecer este shalom por nuestra propia voluntad, estamos llamados a ser instrumentos de la paz del Señor, artesanos de la obra divina de la reconciliación. La paz, como la unidad, es un don y una llamada.

La suplica de Jesús por la unidad tomó la forma de una rezo. Es una oración que surge de lo más profundo de su corazón y de su misión, en el momento en el que prepara a sus discípulos para el futuro: Padre, que sean uno.

Mientras celebramos el centenario de la Semana de oración por la unidad y recordamos todas las aspiraciones, oraciones e iniciativas en la búsqueda de la unidad de los cristianos suscitadas durante siglos, es conveniente hacer balance de los pasos que hemos realizado hasta ahora, guiados por el Espíritu Santo. Para nosotros es ocasión de dar gracias por los numerosos frutos que nos ha dado la oración por la unidad. En muchos lugares, la animosidad y los malentendidos han cedido su lugar al respeto y la amistad entre los cristianos y sus distintas comunidades. Sucede a menudo que cristianos que se reúnen para rezar juntos por la unidad dan a continuación un testimonio común del Evangelio a través de acciones concretas y trabajando codo a codo al servicio de los más necesitados. El diálogo permitió construir puentes de comprensión recíproca y solucionar desacuerdos doctrinales que nos dividían.

No obstante, el momento presente deberá ser también para nosotros un tiempo de arrepentimiento, ya que nuestras divisiones están en contradicción con la oración de Cristo por la unidad y con el mandato de Pablo de vivir en paz entre nosotros. Actualmente, los cristianos están abiertamente en desacuerdo sobre distintos temas. Debido a nuestras divisiones internas y a los conflictos entre nosotros, no estamos en condiciones de responder a la noble vocación de ser signos e instrumentos de la unidad y de la paz queridos por Dios.

¿Qué decir entonces? Tenemos razones para alegrarnos pero también para estar tristes. Damos gracias, en este centenario, por las últimas generaciones que se consagraron generosamente al servicio de la reconciliación; renovemos hoy nuestro compromiso de ser artífices de la unidad y de la paz queridas por Cristo.

Oración

Señor, haz que seamos uno: uno en nuestras palabras para que te dirijamos una oración humilde y común; uno en nuestro deseo y en nuestra búsqueda de la justicia; uno en el amor, para servirte en el más pequeño de nuestros hermanos y hermanas; uno en la espera de ver tu rostro. Señor, haz que seamos uno en ti. Amén.

 

                                                                   Copyright © 2008 Graymoor Ecumenical and Interreligious Institute