Historia Breve — Semana de Oración por la Unidad Cristiana 2008

Guía Diario de Escritura y Oración

 
 
 
 

por el Reverendo Timothy MacDonald, SA, Director Asociado
Graymoor Ecumenical & Interreligious Institute

Mientras celebramos el centenario de oración por la unidad cristiana este año, nuestros pensamientos giran hacia una corriente fundamental en la historia de este extraordinario fenómeno. Esta corriente fue en un principio la Octava de Unidad de la Iglesia que se celebró por primera vez en enero de 1908. Celebrada en la capilla de un pequeño convento de los Franciscanos de Redención de la Iglesia Protestante Episcopal, en una remota  montaña a cincuenta millas de la ciudad de Nueva York, este nuevo movimiento de oración llamó a la imaginación de otros más allá de los frailes Franciscanos y las hermanas Redentoras hasta volverse en un movimiento energético que gradualmente floreció en uno observado mundialmente e incluyendo muchas naciones y millones de personas.

Para poder apreciar completamente esta corriente que ha sido alimentada por algunos y que converge con otras corrientes significantes en el desarrollo histórico de la Semana de la Oración por la Unidad Cristiana, anotamos algunos de los aspectos de la historia temprana del movimiento. El padre Paul James Wattson y la hermana Lurana White, co-fundadores de la Orden de Frailes Franciscanos y Hermanas Redentoras, estuvieron totalmente comprometidos al diálogo de la Comunión Anglicana con la Iglesia Católica Romana. Como tal, ellos comenzaron un movimiento de oración que explícitamente oraba por el retorno de cristianos no católicos a la Santa Iglesia. No es necesario mencionar que tal observación podría atraer unos poco/as de nuestros hermano/as separado/as excepto un pequeño número, de anglo católicos y católicos romanos. La idea de un periodo de oración por la unidad cristiana se originó por una conversación del padre Paul Wattson con el clérigo inglés Rev. Spencer Jones. En 1907 Jones sugirió que se debiera aislar un día para la oración por la unidad cristiana. El padre Paul Wattson estuvo de acuerdo con el concepto pero ofreció la idea de una Octava de Oración entre la Fiesta de la Cátedra de San Pedro el 18 de enero y la Fiesta de la Conversión de San Pablo el 25 de enero.

Cuando el padre Paul y la hermana Lurana se convirtieron en católicos romanos, el Papa Pío X ofreció su bendición a la Octava de Oración de la Iglesia, y en el año 1916, el Papa Benedicto extendió esta observación a la iglesia universal. Este reconocimiento por la autoridad papal le dio a la Octava un ímpetu a través de la Iglesia Católica Romana. El padre Wattson promovió la Octava de Oración de la Iglesia, hasta el año de su muerte, en 1940, más tarde conocida como la Fiesta de la Octava de la Unidad para enfatizar su enfoque Petrino, a través de su revista, The Lamp.

Cuáles fueron algunos de los antecedentes históricos importantes a esta octava de oración? Ciertamente en el siglo XIX, el deseo de los cristianos de orar juntos era parte del espíritu de la época entre aquellos alarmados por las divisiones que debilitaban el poder del testimonio cristiano. En 1846, por ejemplo, se estableció en Londres La Alianza Evangélica la cual desarrolló conexiones internacionales y entre iglesias. Ruth Rouse nota que era “la primera y única organización ecuménica la cual surgió del despertar Evangélico del siglo XIX”. (A History of the Ecumenical Movement: 1517-1948). El concepto de unidad esposado en su constitución era la unión entre individuos cristianos de diferentes iglesias para su renovación en el Espíritu; ellos no trabajarían con la cuestión de la reunión de iglesias. La Alianza puso a un lado una semana comenzando el primer domingo del año, para la oración unida entre miembros de diferentes iglesias a orar por la renovación en el Espíritu.

La Asociación para la Promoción de la Unidad de los Cristianos fue fundada en el año 1857 con la participación anglicana, católica romana y ortodoxa. Su propósito era “oración unida para que una unidad visible pueda ser restaurada en la cristiandad.” Desafortunadamente, Roma retiró su apoyo a la Asociación. El problema, por supuesto, no era el acto de la oración en sí como las preguntas concernientes a la naturaleza de la iglesia y la naturaleza de la unidad procurada en esta oración. Esta dificultad no comenzaría a ser resuelta sino casi hasta la mitad del siglo XX.

Cabe notar que los papas habían urgido a los católicos romanos a orar por una unidad cristiana pero desde la postura de retorno a la Iglesia Católica Romana. En 1894 Leo XIII entusiasmó a los católicos a recitar el rosario con la intención de la unidad cristiana. De nuevo, en 1897, el decretó en Provida matris que los días entre la Ascensión y Pentecostés debían ser dedicados a la oración por la reconciliación con nuestros hermanos separados. En su encíclica Divinum illud, Leo busco establecer esta práctica de oración como un aspecto permanente de la Iglesia Católica Romana.
Las Conferencias Lambeth durante este período también promovieron la oración por la unidad cristiana. Rouse nota que la Segunda Conferencia de 1878 fue una típica preocupación de los anglicanos por esta unión. En esa conferencia, los obispos hablaron de su deseo de que esta conferencia apoyara una observación de una temporada de oración por la unidad de la cristiandad.

En 1913 la Comisión de Fe y Orden de la Iglesia Episcopal Protestante publicó un boletín informativo promoviendo la oración por la unidad en Pentecostés y en 1915 publicó un Manual de Oración por la Unidad. La Conferencia preparatoria de Fe y Orden que se celebró en Génova en 1920 apeló por una semana especial de oración por la unidad cristiana terminando con Pentecostés. Fe y Orden continuó emitiendo “Sugerencias de la Octava de Oración por la Unidad Cristiana” hasta 1941 cuando cambió las fechas para su semana a aquellas de la Octava en enero. En esta forma, los cristianos, que por razones de conciencia, no podían unirse a otros en servicios de oración podrían ahora compartir en oración unida al mismo tiempo. Estos esfuerzos variados aunque no lograban una observación amplia entre las iglesias iban trazando el camino para la Semana de Oración por la Unidad Cristiana la cual ha llegado a ser observada ampliamente a través de la cristiandad.

En 1935 el abad Paul Couturier, sacerdote de la Arquidiócesis de Lyons, buscó una solución al problema del no-católico romano de no poder observar la Octava de Oración por la Unidad Cristiana. El encontró la solución en el Misal Romano como la habría hecho la Asociación para la Promoción de la Unidad de los Cristianos setenta y ocho años antes en Inglaterra. Couturier promovió la oración por la unidad cristiana desde la base inclusiva de que “nuestro Señor concedería a su iglesia en la tierra la paz y la unidad las cuales existen en su mente y propósito, cuando en las vísperas de su Pasión, El oró por que todos fuéramos uno”. Esta oración uniría a los cristianos en oración por esa unidad perfecta que Dios desea y por los medios que El desea. Al igual que el padre Paul Wattson, el abad Couturier exhibió una pasión poderosa por la unidad y estuvo enviando “llamadas a la oración” anualmente hasta su muerte en 1953.

Mientras que no todos los católicos han aceptado la solución de Couturier y algunos continúan enfatizando la centralidad de la oficina Petrina en sus esfuerzos por la unidad y la oración, todas las dificultades fueron resueltas en 1964 con la promulgación del Decreto en Ecumenismo del Segundo Concilio Vaticano. El Decreto dice a los católicos romanos en términos bien claros e inequívocos: “En ciertas circunstancias especiales, tales como servicios de oración por la unidad y durante celebraciones ecuménicas, es permitido, de hecho muy deseado, que los católicos se unan en oración con sus hermanos separados. Tales oraciones compartidas son ciertamente un medio muy efectivo de pedir por la gracia de la unidad, y ellos son una expresión genuina de los lazos los cuales ahora nos unen a los católicos con nuestros hermanos alejados.” 
En 1993 el Concilio Pontificó para Promover la Unidad Cristiana emitió el Directorio para la Aplicación de Principios y Normas del Ecumenismo y explícitamente entusiasmó la participación en la Semana de Oración por la Unidad Cristiana. Hoy día, la Semana de Oración por la Unidad Cristiana pertenece a todos los cristiano/as que estén sinceramente interesados en lograr la oración de Cristo de que “todos seamos uno”. El cardenal Kasper, cuando discute la oración en común en su libro A Handbook of Spiritual Ecumenism, menciona específicamente que “la celebración anual de la Semana de la Oración por la Unidad Cristiana mundialmente es una iniciativa de importancia singular para ser fomentada y más adelante desarrollada.”

Es auspiciado por la Comisión de Fe y Orden del Concilio Mundial de Iglesias y el Concilio Pontificó para la Unidad Cristiana. En una base nacional, los materiales para la celebración de la Semana de Oración son el trabajo de Graymoor Ecumenical & Interreligious Institute en colaboración con la Comisión de Fe y Orden del Concilio Nacional de Iglesias y la Comisión de Obispos Católicos Romanos para Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos.

En este centenario de los esfuerzos cristianos para establecer un periodo anual de oración por la unidad cristiana, el tema que ha sido escogido por Graymoor Ecumenical & Interreligious Institute junto con la Comisión de Fe y Orden del Concilio Nacional de Iglesias y la Comisión de Obispos Católicos Romanos para Asuntos Ecuménicos e Interreligiosos. Ese tema bíblico es el de “Orad sin cesar” de la Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, 5:12a, 13b-18. El texto completo es, "Pero os rogamos hermanos...Vivid en paz los unos con los otros. Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino procurad siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos. Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.”

Nosotros nos regocijamos en el progreso que se ha hecho a través de todos estos años en la reconciliación entre unos y otros cristianos. Ofrecemos nuestro agradecimiento a Dios por conducirnos con el poder del Espíritu Santo a eliminar los obstáculos para el rezo por la unidad. No dejamos de rogar para que esa misma ayuda supere esos obstáculos que impiden el cumplimiento de la voluntad de Cristo para la iglesia: “que todos sean uno.”

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